Mar
9
Cuiden a Nineth, sí o sí
March 9, 2010 | 3 Comments
La diputada predilecta del área metropolitana, Nineth Montenegro, anunció el lunes que tanto el nuevo Ministro de Gobernación, Carlos Menocal, como el Jefe de la Cicig, Carlos Castresana, le advirtieron desde la semana pasada que existe un plan para asesinarla.
Las opciones que le ofreció el gobierno a una de las pocas congresistas que se ha ganado el respeto de la sociedad, más que proponer soluciones, parecen diseñadas para provocarle una jaqueca monumental, de esas que dan vértigo y ganas de vomitar .
La primera opción de Nineth consiste en aceptar la “seguridad” del gobierno. Eso significa abrirle las puertas de su casa y de su vida a un grupo de policías que ojalá no pertenezca al “Cartel del Tumbe” o a cualquiera de esas rentables empresas de sicarios, integradas por miembros condecorados de las fuerzas de seguridad, que además tienen nombres inverosímiles como “la banda del Mariachi Loco” , “Zopilotes Express” o la “Calaca Veloz”.
La segunda opción de la parlamentaria tampoco es una ganga: implica dejar tiradas su vocación, su carrera política y su lucha de treinta años, para tomar un ticket de avión hacia España o Canadá y dedicarse, con suerte, a abanicar las pestañas en un cubículo de la burocracia internacional.
Con esta “alerta temprana”, el gobierno ha intentado lavarse las manos antes de que ocurra una tragedia, pues según el ministro Menocal, los conspiradores serían personajes del crimen organizado, en busca de un detonante capaz de desestabilizar a la actual administración.
Resulta vital que las autoridades pongan todo de su parte para proteger a la diputada Montenegro y su familia y que el MP inicie de inmediato, con apoyo de la Cicig, una investigación exhaustiva del supuesto atentado, porque nuestro país no se puede dar el lujo de que las amenazas lleguen a concretarse.
Espero que lo entiendan, porque el daño que esto conllevaría para la actual pareja presidencial, la administración en pleno y para la gobernabilidad del país en sí ,sería de una magnitud comparable a la del terremoto en Chile, sólo que con los efectos devastadores del de Haití.
No se puede obviar que la diputada Montenegro ha realizado una tenaz labor de fiscalización del programa insignia del gobierno, Mi Familia Progresa. El virtual enfrentamiento que durante meses han protagonizado la Primera Dama, Sandra Torres, y la congresista, no contribuye en nada a alejar las sospechas de que las amenazas provengan de la actual administración.
Dicho esto, sabemos que en Guatemala las apariencias y la realidad no suelen coincidir. De hecho, a veces producen una mezcla tan viscosa entre ambas dimensiones, que uno ya no sabe qué es y qué no y si aún se puede creer en los principios de la metafísica.
En este caso en particular, el caldo de cultivo resulta perfecto para cualquier hipótesis: tenemos un conflicto muy público, un buen conjunto de enemigos políticos relevantes que encantados de la vida se prestarían a apuñalarse unos a otros, un sistema de justicia colapsado y un sinnúmero de matones dispuestos a cancelar partidas de nacimiento por muy poco dinero.
Lo cierto es que en semejante olla, quien más tiene que perder es la actual administración. El gobierno puede declararse incapaz, fingir demencia, decir que el avance de las mafias lo desborda y que es víctima de otra conspiración. Pero ojo: si algo le pasa a Nineth, unos creerán que de verdad son asesinos y otros, que merecen hundirse en las urnas por incompetentes.
Más vale entonces que de verdad se dediquen a proteger a la diputada, sí o sí.
Al mismo tiempo, los únicos que ganan de verdad con cualquier desenlace son los capos. La sola denuncia de esta situación va a volver a distraer a la Cicig de su objetivo original: desmantelar a los famosos CIACS o “cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad”.
Ni bien le acaban de dar un golpe a la Policía Nacional y ya hay que currar con otro asunto imposible de postergar porque el país zozobra. Y eso que la campaña electoral y la temporada de caza aún no empiezan de manera oficial.
Mar
7
Entre nosotras
March 7, 2010 | 30 Comments
Llegué de buen humor a la clínica del ginecólogo. Tenía unos tres meses de embarazo y cosa rara y prodigiosa, no había sufrido de náuseas ni de mareos ni de ataques súbitos de sueño incontrolable. Estaba feliz, llena de energía y anticipación, a la espera de ese aleteo líquido de renacuajo, de pececito dorado, que tenía que sentir en el vientre de un momento a otro.
Recuerdo que llevaba ese día una falda de mariposas horrible –demasiado primaveral para mi gusto– pero ya mi ropa no me quedaba y la de maternidad, recién bajada de un cajón, resultaba demasiado grande.
Entré al baño y me coloqué la bata mientras Jorge, mi doctor de muchos años, conversaba al otro lado de la puerta. Después de pesarme y poner el grito en el cielo por las libras que había aumentado, me subí a la camilla, platicando hasta por los codos.
Mientras la pantalla del ultrasonido se encendía, nos pusimos a bromear sobre los nombres del futuro miembro de la familia (mis amigos dicen que se debe proteger a los inocentes de mis propuestas de origen literario). Estaba riéndome de mis ocurrencias, cuando de pronto ví a Jorge y la risa se me murió en la boca junto con las palabras. Nunca le había visto una expresión igual.
-No encuentro el foco, me dijo con el ceño fruncido.
Nos quedamos callados los dos, esperando que el latido del corazoncito de mi bebé apareciera de repente, que estuviera escondido, pero no se escuchó nada más: sólo el ruido de la máquina.
Yo soy muy llorona para las películas, los poemas y las cosas que le pasan a los demás. Esa vez, Jorge me decía “llore, le va a caer bien”, pero yo no podía emitir sonido, menos llorar. Sentía en el pecho un dolor tan grande, tan intenso, que me oprimía los pulmones, como si me hubieran acuchillado.
El doctor tuvo que llamar a mi esposo para pedirle que llegara a la clínica Y Juan Carlos tuvo que llamar al día siguiente a mi mamá y a la suya, porque yo era incapaz de verbalizar lo que acaba de pasarnos, de darle realidad, de decir “perdí a mi bebé” y aceptarlo.
No me quedó más remedio casi una semana después: estaba entrando a mi habitación cuando sentí una punzada horrible en la espalda y quedé parada en medio de un charco de sangre.
Nunca me he sentido tan desamparada y triste como cuando iba acostada en la ambulancia de Alerta Médica, escuchando la sirena que se abría paso entre el tráfico para llevarme al hospital. Y nunca me he sentido tan reconfortada como cuando se abrieron las puertas de metal y ví a mi mamá y a mi hermana, listas para acompañarme por los corredores de la emergencia.
Yo rara vez hablo de esto, pero sucedió un ocho de marzo hace cinco años y siempre pensé que cuando estuviera lista, valdría la pena escribir al respecto. En especial, porque cuando una pierde un bebé, se entera de la enorme cantidad de mujeres que han pasado por esa experiencia y que llevan, calladas, esa cicatriz por dentro.
Ahora me acabo de enterar que desde el inicio de la gestación, se forjan vínculos de apego entre la madre y su bebé. Debe ser por ello que los abortos –horrible palabra—para los que no suele haber ni luto, ni ceremonia, ni condolencias, nos dejan el corazón cubierto de escarcha por semanas y hasta por meses.
Las mujeres somos las fuertes de la especie porque damos la vida, pero seguro también porque sabemos lo que duele perderla. Y a pesar de los avances de la ciencia y los brotes verdes en los indicadores de desarrollo, ese es un lazo vital, casi de sangre, que compartimos a través de las generaciones y las fronteras.
Hablamos de nuestros partos como de grandes victorias, pero guardamos silencio de los que no dieron fruto. Hoy quiero abrazarlas también por esas vidas que no fueron, las que perdimos, que también nos hacen lo que hoy somos, que quisimos y recordamos. En especial a las tantas de ustedes, a Pauli, a Gaby, a la Eu, a Claudia, a Sonia, a Olimpia (+) que saben de lo que estoy hablando. ¡ Vivan las mujeres!
Mar
2
Tres puntos sobre la transparencia
March 2, 2010 | 6 Comments
El día de hoy quiero hacer tres comentarios relacionados con la transparencia y los cambios que hemos presenciado últimamente en el gobierno.
El primero tiene que ver con la consistencia. El presidente ha destituido, en cuestión de días, a dos ministros por mal manejo de recursos. No es la primera vez que saca del gabinete a los fusibles quemados y eso es, sin duda, una buena noticia.
¿Por qué entonces no cala en la opinión pública que el actual mandatario está decidido a luchar contra la corrupción? La razón es sencilla: el esfuerzo no es creíble si no se aplica de forma constante y coherente.
El presidente dice que será “implacable” con el uso del gasto, pero llega al extremo de sacrificar a un ministro con tal de no entregar la información completa de Mi Familia Progresa, fuente de tanta suspicacia.
No conformes con ello, las cabezas de esta administración también intentan “proteger” esos datos, escudándolos en el secreto bancario. Mala táctica, que contradice un rosario de discursos pronunciados por el Ministro de Finanzas y sus segundos acerca del inminente fin de ese mismo secreto bancario, en aras de abrazar las nuevas normas internacionales de transparencia financiera, imperativas luego de la gran crisis de 2008.
A ello debemos agregar que empresarios privados del transporte, con la bendición del gobierno, se han dedicado recientemente a levantar una base de datos como nunca se ha visto en el país, sin justificación alguna.
¿En qué quedamos entonces? ¿A veces sí y a veces no? ¿Para unos sí y para otros no?
Por si fuera poco, a nadie escapa la dimensión de los asuntos que han trascendido a nivel de escándalo. ¿La pititanga roja comprada con la chequera de la vicepresidencia? Bochornoso el asunto, pero en el fondo, costó menos que las magdalenas repartidas el día de Navidad, en cajas que mostraban la foto de la pareja presidencial. ¿El negocio amañado del combustible para la Policía? Deplorable, pero no menos que la asignación incestuosa de contratos a los financistas de campaña, donde se amontonan de verdad los billetes.
El segundo punto que quiero tocar se desprende de lo anterior. Los esfuerzos por combatir la corrupción tampoco pueden fructificar si las denuncias no van acompañadas de acción penal.
Si el presidente, o un vice ministro, señalan con el dedo a un funcionario y lo acusan de delitos graves, ya sea malversación de fondos o peor aún, complicidad con escuadrones de la muerte, suponemos que existen indicios concretos para sustentar sindicaciones tan graves.
No se vale acusar de corrupción a un alto funcionario para luego enviarlo a descansar a su casa, a disfrutar los frutos de sus desmanes. Lo que corresponde es una investigación, un proceso y si cabe, una condena que busque, además de la sanción legal, recuperar el dinero mal habido.
Contra el anterior ministro de Gobernación, Salvador Gándara, se hicieron graves acusaciones. Hace más de seis meses que el hombre está en la municipalidad de Villa Nueva, sin nadie que lo estorbe o le cuente las costillas. Supongo que Raúl Velásquez se verá en ese espejo y ¡santos en paz!
En sus “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”, Maquiavelo dedica un capítulo completo a la diferencia entre acusación y calumnia, para mostrar cuán importante es que impere la ley. Los linchamientos de opinión pública, dice el autor renacentista, llevan “a la ruina del Estado”, pues las “calumnias irritan a los ciudadanos y no castigan, y los irritados piensan en vengarse, odiando, y no temiendo, los cargos que se les hacen”.
Y aquí llegamos al último comentario del día de hoy. Los nuevos ministros son personas jóvenes, con hojas de vida limpias hasta ahora. Sus nombramientos empiezan a marcar un cambio generacional. Ojalá aprovechen la oportunidad para demostrar que es posible administrar este país de manera diferente.
El nuevo titular de Gobernación, Carlos Menocal, quizá no tiene la experiencia que desearíamos para el manejo de esa cartera, pero sí sabe encontrar corrupción. Con eso que hiciera, para evitar que se sigan robando descaradamente el dinero que debería invertirse en seguridad pública, ya sería bastante.
Mar
1
La caída de Bienvenido
March 1, 2010 | 10 Comments
La abrupta salida del Ministro de Educación, Bienvenido Argueta, tiene a mucha gente celebrando, especialmente a los críticos de los programas sociales organizados por la Primera Dama, Sandra Torres.
A mí francamente la noticia me embargó de frustración por sus implicaciones a mediano y largo plazo.
Me explico. En el plano legal, puede decirse que la Corte de Constitucionalidad protegió el derecho a la información y la fiscalización del gasto público. El mensaje para los funcionarios es que deben transparentar el uso del presupuesto, rendir cuentas y acatar las órdenes judiciales. Nadie, ni siquiera un ministro de Estado, está por encima de la ley.
Lo anterior suena muy sensato y muy acorde a los principios republicanos. De buena gana me sumaría a los aplausos si en verdad creyera que el máximo tribunal de nuestro país está comprometido con el imperio de la ley y el respeto a los preceptos de la Carta Magna, sin importar a quienes pueda afectar una sentencia adversa. Por desgracia, varias veces los magistrados de la CC han demostrado que más que deliberar sobre principios jurídicos, ellos se dedican a librar pulsos políticos.
No importa entonces la valoración jurídica de los hechos a considerar, sino la conformación de la CC: cuántos magistrados son leales a tal o cual partido o peor aún, cuántos pueden ganarse mediante eficaces métodos persuasivos.
Es posible que este fallo parezca un paso en la dirección correcta, pero no es razonable tomarse el cuento muy en serio porque al día de hoy, no existen razones de peso para esperar consistencia en la rendición de cuentas y el combate de la corrupción.
De hecho, si algo atizará este fallo de la CC es la “necesidad” del actual gobierno por colocar un cuerpo de abogados afines en las listas de las Comisiones de Postulación para las magistraturas de la 11 avenida.
A nivel político, la salida de Bienvenido Argueta tiene aún más matices.
Desde luego, implica un duro golpe para el gobierno y especialmente, para la Primera Dama, pues el ministro de educación se convirtió en una pieza valiosa. En el contexto de esa batalla que ya empezó en contra de las aspiraciones electorales de la señora Torres, la caída del ministro se traduce en una derrota para ella.
Ahora bien, si analizamos el contexto más amplio del país y de sus posibilidades de largo plazo, precisa reconocer que los constantes cambios en el Ministerio de Educación, tanto a nivel estratégico como administrativo, no auguran nada bueno.
Yo tuve oportunidad de entrevistar un par de veces al doctor Argueta y me impresionó su solidez técnica en el tema educativo. Uno podía estar de acuerdo o no con sus puntos de vista y en particular, con la posición que él libremente asumió en nombre de la Primera Dama, pero no podía regateársele que fuera un experto en el campo de la educación.
Es una lástima que haya salido así, reforzando la idea de que en Guatemala seguimos siendo incapaces de ponernos de acuerdo en los qués y los cómos y de formar un cuerpo técnico que administre el Estado, más allá de los vaivenes electorales.
Dice mucho que no podamos llegar a acuerdos mínimos en un tema como la educación, que nos debería convocar a todos. Nos vivimos rasgando las vestiduras en nombre de la necesidad de formar capital humano y educar a los niños con calidad y equidad, pero tanta habladuría no se traduce en acciones eficaces.
Cuando la UNE llegó al poder, le sobraban candidatos para el Ministerio de Comunicaciones, donde abundan los negocios que repartir, pero no tenían un cuadro sólido para ocupar el Ministerio de Educación. Tanto Ana de Molina como Bienvenido Argueta eran ajenos al partido. Y que los opositores no se solacen señalando esta carencia, porque el Patriota tampoco podía proponer un solo nombre respetable para esa posición.
¿Y qué? ¿Significa eso que no hay quien pueda pensar, organizar y gestionar la educación pública con visión de Estado? Por supuesto que no. Hay cuadros y de distintas convicciones ideológicas. Pero no están en los partidos y después de lo que pasó con Bienvenido Argueta, no veo a los partidos trabajando para convencerlos de participar.
Feb
24
Bloqueos ilegales
February 24, 2010 | 10 Comments
Los maestros también pierden.
Abrí el portón del garaje a las seis y diez de la mañana. Salí de mi casa, fui a traer a mi hermana Melissa, luego al autoservicio de Mac a comprar té con leche y enfilamos hacia Occidente por la Carretera Interamericana, confiando llegar Cuatro Caminos antes que los maestros bochincheros.
Nos equivocamos. Pocos kilómetros antes de Nahualá, ya había algunos camiones, buses y picops detenidos en fila sobre el camino.
“Nos ganaron por quince minutos seño”, me dijo un comerciante que ya se había acomodado el sombrero para esperar bajo el sol.
“Yo también soy maestra”, dijo una extranjera que viajaba en un camper. “¿Será que les hablo y trato de convencerlos para que nos dejen pasar?”.
Los manifestantes no tenían aspecto de querer dialogar con nadie. Para nosotras el viaje ya estaba perdido. Teníamos que ir a una reunión en Cantel y regresar al principio de la tarde para no manejar de noche. Antes de que se taponeara la vía por completo, dimos la media vuelta y nos fuimos de regreso a la capital.
“¿Para qué se va a ir seño?”, me preguntó el piloto con más cara de resignado. “Seguro que también van a bloquear Los Encuentros y Chimaltenango”.
Por suerte, no fue así. Nos escabullimos por Bárcenas y logramos volver a la ciudad a medio día. Perdimos la gasolina y la mitad de la jornada, pero nos fue mejor que a muchos viajeros, en especial transportistas y comerciantes de productos perecederos, que llamaban trinando de indignación a la radio, al calcular las cuantiosas pérdidas que no les iba a reponer ni el gobierno ni los maestros.
El director de la Cámara de Industria, Javier Zepeda, estimó las posibles pérdidas en US$50 millones y el presidente de la Cámara de Comercio, Jorge Briz, en US$40. Pero aparte de los daños en metálico contante y sonante, están los atrasos y los incumplimientos de contratos que nos hacen ver siempre como un país ineficiente y poco serio, más las disrupciones en la vida normal de las personas que pueden llegar incluso a sufrir quebrantos de salud, como insolaciones, por quedarse varadas a merced del calor.
Nuestra Constitución garantiza que cualquiera tiene derecho a expresarse y a protestar. Eso sí, hay reglas para manifestar sin cometer atropellos, porque la ley de igual forma garantiza el derecho a la libre locomoción. Ningún grupo de presión debería impedir, así por así, que la gente se movilice para trabajar. Menos aún debería ser tolerado que se paralice al país sin consecuencia alguna, como si las tales “medidas de hecho” fueran lícitas y legítimas.
Innumerables personas se ven perjudicadas con las protestas del magisterio. Desde los niños que se quedan sin clases hasta los empresarios y trabajadores de todo nivel y tamaño que circulan por la vía pública. Y entre más pequeño el comerciante, más duro el golpe. A los grandes y poderosos, que disponen de camiones refrigerados, colchones financieros y buenos abogados, estos incidentes les hacen apenas cosquillas.
Nadie hasta ahora lo ha medido, pero estoy segura que el gremio magisterial también pierde al afectar de manera desmedida a terceros. Ayer las radios rebosaban de insultos a los manifestantes.
Muy poca gente se acuerda que el gobierno firmó un pacto colectivo donde se comprometía a pagarle a los maestros un aumento de 8% anual que no han entregado desde hace tres años. A buen número de maestros que incorporaron en la planilla, tampoco les han pagado desde octubre pasado.
La actual administración se ató al cuello un montón de compromisos que ahora, a raíz de la crisis y la caída de la recaudación fiscal, no puede cumplir. Y menos aún si no hace un esfuerzo serio por reordenar el gasto, priorizarlo y enfrentar la corrupción de verdad, no la compra anómala de una pititanga.
Nota: La red de blogs que organizó el empresario Chris Dent y que incluye a varios columnistas, como José Barnoya, Alfred Kaltschmitt, Martín Rodríguez, Jorge Palmieri y su servidora, fue atacada el martes pasado por “hackers” que la sacaron del aire y destruyeron los respectivos historiales. A partir de hoy esperamos que la red esté restaurada. Vea www.dinafernandez.com
