En la consola de entrada de mi casa, a la par del cuenco de las llaves, ahí prometía yo que habría una bombonera gigante llena de condones para mis hijos adolescentes.
Tengo un amigo que no se cansa de recordarme cuán poco he cumplido mis ofrecimientos.
Así es: ahora que soy madre, mis bocanadas de juventud se han hecho humo. Menos mal todavía está permitido cambiar de opinión.
La anécdota viene al caso porque el debate en torno a la Ley de Planificación Familiar ofrece la oportunidad de reflexionar en torno a los matices que plantea el tema.
Es ciertamente una buena noticia que el Ministerio de Salud haya aprobado el reglamento de la Ley de Planificación Familiar. En un país donde van en aumento los embarazos en adolescentes y se han atendido casi 25,000 partos de niñas menores de veinte años en los primeros ochos meses del año, resulta obvio que las autoridades sanitarias y educativas tienen una ardua tarea por delante para prevenir esta situación.
También es cierto que el Cardenal Rodolfo Quezada Toruño se expone a salir en las caricaturas de los diarios al proclamar que todos los métodos anticonceptivos son “porquerías”.
Ahora bien, mucho se ha hablado en los últimos días acerca del rol que deben jugar el Estado y la Iglesia en este asunto, pero poco se ha dicho respecto a la responsabilidad que corresponde a los padres de familia, quienes son los primeros educadores de sus hijos y quienes, de manera consciente o no, moldean las actitudes y los valores de los niños y jóvenes en el nivel más profundo.
En mi familia –que no es para nada el modelo del hogar ultra conservador– mis papás se lavaron las manos en materia de educación sexual, le pasaron la chibolita al colegio y no se habló jamás del tema de forma seria.
Habría que confirmarlo con un estudio científico, pero tengo la impresión de que esa sigue siendo la norma en la mayoría de hogares guatemaltecos. Las familias prefieren no abordar el tema de la sexualidad y eso no se vale: los padres no pueden desentenderse de un tema tan crucial.
La niñez y la juventud de hoy se encuentran bajo un bombardeo constante de sexo. En el Internet están a un par de clicks de cualquier sitio de pornografía dura. Y basta con que enciendan la televisión –casi a cualquier hora—y pueden enfrentarse, con suerte, con una pareja en plena faena, o eventualmente con jolgorios bastante menos ortodoxos.
La educación sexual que impartan padres y escuelas debe servir para que niños y jóvenes tengan información precisa, en el momento oportuno (usualmente más temprano de lo que uno cree), que les permita formarse un criterio y tomar decisiones inteligentes, responsables y ojo, también correctas.
En la declaración de la UNESCO “La Educación es un Tesoro”, se enumeran los grandes objetivos de la educación: enseñar a conocer, enseñar a hacer y enseñar a ser. De estos tres, los primeros dos –la transmisión de conocimientos y destrezas—son los que más se prestan a delegarse a la escuela y otras instituciones. Pero en el tercero, los padres, quieran o no, son el modelo y los referentes.
El sexo no es una actividad fisiológica neutra, como respirar. Es intrínsicamente humano otorgarle valor y significado al sexo. La escuela debe apoyar a las familias en esa tarea, proporcionando en un primer momento los conocimientos anatómicos y biológicos apropiados y luego, instruyendo sobre las consecuencias y los riesgos de la actividad sexual, así como todas las opciones para evitarlos, desde la abstinencia hasta el condón.
Ahora, qué les conviene más a los niños y jóvenes, vivir la vida loca o saber esperar, esa educación nos toca principalmente a nosotros los padres y la debemos asumir desde mucho antes de la adolescencia. En mi caso, yo quiero que mis hijos se conviertan en adultos sanos y responsables, capaces de amar y forjar una relación de pareja plena, al tiempo que valoren y disfruten del sexo en su justa dimensión.
Para eso hay que informar, pero sobre todo hay que formar. Si pusiera la bombonera en la entrada, seguramente tendría la casa más popular de la secundaria. Pero yo no quiero ser Miss Simpatía para mis hijos o sus amigos. En la entrada lo que hay es un frutero y siempre insisto que no es de adorno.

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10 Comments so far

  1. Luis on Noviembre 8, 2009 11:04 pm

    Je!!! Ya me imagino si de verdad hubiese puesto esa bombonera en la entrada de su casa, cual lo prometia antes de que sus bebes fueran ya jovenes en pleno desarrollo adolescente. Pero la verdad es un tema muy sensible, con todos los perfiles y aristas que tiene, de valores, de principios morales, religiosos, humanos, politicos (no de los cochinos del congrueso), sociales y de la psiquis humana, pero por sobre todo de la profunda y dolorosa realidad de nuestra Guatemala. ¿Responsabilidad de los padres? Pero es que ese es uno de los pilares principales de la problematica real en nuestro medio, por termino promedio no existe esa verdadera responsabilidad, si no, en genesis esencial, podemos preguntar, producto de que son las maras, los niños de las calles, esas dolorosas familias del campo con ocho o hasta doce hijos, todos con alto grado de desnutricion. Es que ese es uno de los indicativos por el que no salimos del subdesarrollo. Creo que debe buscarse una posicion intermedia, ya usted lo señala muy objetivamente, eclectica, en la cual sea una responsabilidad compartida en sus diferentes aspectos. Gracias, saludos

  2. Dina Fernández on Noviembre 9, 2009 11:36 am

    Gracias Luis por su comentario. Ya ve usted, hablar es barato! Y más hablar babosadas! Coincido en que nuestros problemas de fondo se originan en la familia. Según entiendo, esa iniciativa de los jóvenes del bus contra la violencia eso es lo que está arrojando: necesitamos fortalecer los hogares. Saludos cordiales, qué esté bien.

  3. Dina Fernández on Noviembre 9, 2009 11:37 am

    Voy a avisar a los técnicos Luis, gracias. Saludos.

  4. Julio on Noviembre 12, 2009 11:07 am

    No pude haberme sentido más identificado con su artículo Dina. ¿Porque? Estoy empezando a formar una familia y mis pensamientos acerca del sexo han cambiado mucho, principalmente porque no quiero ver a mis hijos víctimas de un acomodamiento por parte mía o de mi esposa, víctimas de una cultura que pinta el sexo como algo normal y cotidiano, que lo es en su forma, más no en el fondo, no quiero ver a mis hijos víctimas, como lo pude haber sido yo al igual que mis hermanas, de una ignorancia (a medias quizás) acerca del tema. Recuerdo que en mi casa existió, desde que tengo memoria, una enciclopedia de educación sexual para niños y adolescentes que mi madre compró (con mucho esfuerzo estoy seguro) pero que casi nunca nos sentamos a platicar acerca de los temas que contenía, y creo que fue porque mi madre tampoco tuvo una adecuada orientación, sin embargo, intentó hacerlo con nosotros y finalmente creo que sirvieron. Por esa misma experiencia se que se puede hacer mucho más desde la casa.
    A mí particularmente lo que me inquieta más de este tema es a quien le estaríamos dando la autoridad de hablarle a mi hijo de educación sexual, cuando el primer obligado soy yo, es como decir, “ay te lo encargo” y después si algo sale mal, ¿qué? ¿le reclamamos a ese alguien?
    Seguro yo tampoco usaré una bombonera. Lo que sí usaré creo que será la enciclopedia vieja que mi madre compró para mis hermanas y para mí y el Internet que contiene cualquier cantidad de información acerca del tema.

    Saludos, que esté bien.

  5. Guillermo Castañeda Lee on Noviembre 12, 2009 7:05 pm

    En cuanto a ideas, yo tengo un dicho que suene talvés un poco feo, pero si lo analiza es real y en eso me baso para apoyar por el momento, la ley y el reglamento de salud reproductiva.
    El dicho dice así: “Es mas difícil parir, que corregir”. Ahora ya está la ley y está el reglamento, ya se parió, posiblemente con errores o apreciaciones erróneas, pero eso mediante un diálogo maduro y franco, sin que intervenga la iglesia, se puede ir moldeando, hasta colocarlo en su verdadera dimensión.
    Hasta he dicho y preguntado, que que sera mejor, si tener una hija desprestigiada y embarazada, o solo una hija desprestigiada.
    Cuando a la niña su ligereza le produce consecuencias, luego busca quien le ayude a resolver el problema de esa consecuencia; el resultado, que ya no carga con solo una consecuencia, sino que con un trío mas de consecuencias.
    Como está la situación en Guatemala, la aprobación de esta ley era el clamor y el grito de angustia del desnutrido y del hambriento, que en su desesperanza, la madre por su ignorancia le seguía llevando mas engendros que le disputaran el poco alimento disponible.
    Asi que por ese paso dado nos debemos de alegrar, pues los nietos de nuestros hijos, ya no tendrán la posibilidad de ser asesinado al transpasar el umbral de la puerta de su casa, talvés no tan conservadores, pero vivos y tratando de crear hijos sin hambre y hundidos en la miseria.
    Sin este paso, de nada sirven los servicios sociales, de nada sirve construir mas escuelas, de nada sirve nada, pues por mas que hiciéramos, siempre iríamos atrás de las necesidades.
    Ahora, a ejecutar el reglamento y tratar de corregir los errores.

  6. Jorge R. Schaart on Noviembre 13, 2009 12:01 pm

    Lic. Dina Fernández

    He leído con mucho interés su interesante articulo titulado “La responsabilidad de los padres”, el cual se publico el 9 de noviembre de 2009 en su página 13 de este prestigioso medio de comunicación.

    Si me lo permite, quisiera hacer algunas aportaciones que considero útiles, las cuales son producto de una seria investigación y que están relacionadas con este tema por demás controversial.

    Basándome en parte de lo escrito por usted, no es de extrañar una vez más la intromisión de la iglesia en asuntos seculares o políticos sobre temas que no son de su competencia; el cardenal Rodolfo Quezada con eso de la Ley de Acceso a la Planificación Familiar deja entrever mucha ignorancia y un total desconocimiento de lo que la propia palabra de Dios dice al respeto; pero también una miopía que no deja ver más allá de lo que es lógico y razonable.

    El cardenal es el hombre de las mil y una contradicciones como suele decirse, ya es muy común que cada domingo en lugar de abordar temas espirituales reconfortantes basados en la Biblia, dedica gran parte de su homilía para hablar de otros asuntos y lanzar cualquier cantidad de improperios y críticas hacia cualquier sector u organización; lo cual deja un muy mal sabor.

    Hablando de contradicciones, en una ocasión y bajo el titulo Cardenal pide ley anticohetes en su mensaje navideño durante la homilía efectuada ayer (domingo 18 de diciembre de 2005) el cardenal recordó a los fieles que la Navidad fue convertida en una práctica cristiana hace mil 600 años, pues antes era pagana.

    Bueno dice uno, si los orígenes o raíces de esta festividad son de origen pagano, entonces ¿Por qué celebrarla? Sin embargo, más adelante siguiendo con el mensaje del cardenal, y he allí la contradicción, seguía diciendo: “Debe ser una navidad austera, y el centro tiene que ser Jesús y no ese viejo feo, inmundo, de Santa Clos”, dijo el Arzobispo Metropolitano (Prensa Libre del 19 de diciembre de 2005 página 5).

    Eso está como los anuncios de los cigarrillos que dicen: “Este producto es dañino para su salud”, “Este producto produce cáncer”. Si un producto es venenoso, las autoridades competentes sencillamente lo deberían prohibir, así de sencillo. Por cierto, hay otro anuncio que dice que este producto “mortal”, es solo para ganadores.

    Bien Lic. Fernández, después de esta breve introducción, le quiero contar que hace unas semanas escribí para un programa de TV que conduce un destacado doctor, un articulo de una serie de ocho que él lanzo a la palestra; y yo le pregunté si podía colaborar.

    De esa cuenta elaboré dos artículos que en cierta medida se relacionan, se tratan de El Celibato y La Anticoncepción.

    Hoy que leí su artículo, quise compartir con usted y sus lectores esta información, la cual espero logre contribuir a aclarar aún más estos temas que para muchos son tabú; pero para los que pensamos y razonamos no lo son.

    Reciba un cordial saludo de mi parte, extensivo a todo ese gremio de redactores profesionales.

    Atentamente,

    Jorge R. Schaart

    Anexo: dos archivos

  7. Jorge R. Schaart on Noviembre 13, 2009 12:03 pm

    A PROPÓSITO DEL CELIBATO

    Como lo haría cualquier artista de cine, este año el Padre Cutié acaparó los principales medios de comunicación; y ahora pareciera que inclusive es más popular que antes. ¿A que se debió tanto revuelo?

    Sencillamente porque lo pillaron en una de las playas de Miami en una escena romántica con su novia por cierto de origen guatemalteco. Si en realidad se hubiera tratado efectivamente de un artista o de un hombre cualquiera, nadie se hubiera preocupando del tema con tanta vehemencia; pero tratándose de un sacerdote católico, el escándalo no fue para menos. Sin embargo, lo que estaba haciendo Alberto (ya como un hombre común y corriente) tampoco es para tanto.

    Un destacado abogado y tenaz periodista que dirige un conocido programa por la radio al enterarse de la noticia decía: menos mal que lo encontraron con una mujer; ¡quetal y lo agarran con otro hombre; o con un niño!

    ¿Y qué hay del ex obispo Fernando Lugo, actual presidente de Paraguay? Ya pidió perdón, y ahora goza de más popularidad que antes.

    Yo recuerdo que en un programa de TV del año pasado (28 de enero), la famosa presentadora Cristina Salagüieri, en un foro abierto presentó un tema que estaba candente: Los Pederastas (personas mayores que abusan sexualmente de niños). Entre los participantes se encontraban precisamente este controversial Padre Alberto Cutié, había un pastor evangélico, un judío, un psicólogo y otros que no recuerdo.

    Lo que me impactó no fue tanto el tema; sino el hecho de que la presentadora con pruebas en la mano arremetió contra los muchos de estos actos inmorales en donde cada vez, se ven involucrados líderes religiosos. Cristina decía en una de sus intervenciones: “En todas las religiones (católicos, judíos, cristianos, etc.) sucede lo mismo”. Nadie de los invitados se atrevió a presentar ninguna defensa ante las evidencias y hechos concretos que ella estaba presentando; por lo que al final de cuentas resultaron dándole la razón.

    Y no era para más, pues una de las pruebas que se tenían en ese momento era que tan solo en los Estados Unidos se habían descubierto y llevado a tribunal a más de 6,000 casos de obispos pederastas. No en vano cuando llegó el papa Benedicto XVI de visita llegó pidiendo disculpas por esos malos “hermanos”. En todo caso los perdonados si es que ese crimen contra niños inocentes tiene exculpación deben ser los curas que abusaron de ellos (no “los curas que los abusaron” porque, verbo es intransitivo y no puede ser pasado a la voz pasiva) y quienes deberían en todo caso otorgar perdón son los agraviados.
    No hacía mucho había salido un escándalo de abuso sexual de niñas menores de edad a quienes aparte de castigar, las violaban y las “hacían esposas” de personas mayores. En esta ocasión el escándalo era de la Iglesia Fundamentalista de los Santos de los Últimos Días de EE.UU (mormones). El pastor de esta Iglesia Mormona (con más de 50 años de edad), lo condenaron a cadena perpetua; pero a los más de 6,000 obispos pederastas; los trasladaron a servir a otros lugares.

    Estos hechos no solo son crueles; sino se convierten en delitos graves que deberían ser denunciados y repudiados por toda la sociedad; pero sobre todo, castigados con todo rigor. Lo de la canita al aire que se echó el padre Cutié no tiene ninguna relevancia. Como diría Jesús: …….cuelan el mosquito pero engullen el camello (Mateo 23: 24).

    Si nos damos cuenta, el voto de castidad o celibato que aparte de no ser una enseñando bíblica; es el que está causando cada vez más problemas. ¿Entonces por qué no recurrir a la fuente de información más fidedigna y segura que existe y solucionar de una vez por toda esta controversia?

    El caso del Padre Alberto Cutié, así como muchos otros que se han descubierto, no es ni el primero ni será el último. En lo que respecta al voto de castidad o celibato, quisiera compartir con usted cuál es el punto de vista bíblico al respecto; y para ello voy a hacer alusión a uno de los libros religiosos más antiguos que se conocen, La Santa Biblia o Sagradas Escrituras.

    Como la mayoría de todos sabemos, La Biblia es el libro más leído de toda la historia. Se han distribuido más ejemplares de la Biblia que de cualquier otro libro. Además, se ha traducido más veces y a más idiomas que todo otro libro” (The WorldBook Encyclopédia, t. 2, 1994, p.279). Se cree que la segunda publicación más distribuida es el libro rojo Citas del presidente Mao Tsé-tung, del que se han vendido o distribuido unos ochocientos millones de ejemplares.

    Actualmente, más del 90% de la humanidad tiene acceso a, como mínimo, una porción de la Biblia en su idioma nativo. De modo que este libro ha traspasado las fronteras y rebasado las barreras raciales y étnicas (Lupas, Liana y Erroll F. Rhode (ed): Scriptures of the World, 1993, p. 5.)

    De acuerdo con lo que he investigado en las Santas Escrituras, desde el punto de vista de Dios, el Creador y Soberano del Universo, el celibato iría en contra del propósito original de Dios; el fundador del matrimonio, ese arreglo divino del que todos debemos estar agradecidos.

    Si nos remontamos al primer libro de la Biblia, Génesis, fue allí en el Jardín del Edén o Paraíso de Placer como también se le conoce, donde Dios efectuó el primer matrimonio. “Y Dios procedió a crear al hombre a su imagen, a la imagen de Dios lo creó; macho y hembra los creó. Además, los bendijo Dios y les dijo Dios: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla, y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas volantes de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra” (Génesis 1: 27, 28). Como se desprende de estos versículos, Dios estableció exclusivamente dos géneros de seres humanos: macho (hombre) y hembra (mujer). Por lo tanto los matrimonios entre personas del mismo sexo no tienen ninguna validez a los ojos de Dios.

    1513 años más tarde (entre los años 2 a. de E.C.-33 E.C.), el propio Jesús cuando estuvo en la tierra recalcó este hecho, al citar de Mateo 19: 4-6 lo siguiente: “En respuesta, él dijo: “¿No leyeron que el que los creó desde el principio los hizo macho y hembra y dijo: ‘Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se adherirá a su esposa, y los dos serán una sola carne’ De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto, lo que Dios ha unido bajo un yugo, no lo separe ningún hombre”

    Muchos de los apóstoles de Jesús eran casados y no por eso dejaron de servir y efectuar la obra de Dios. Tal es el caso del propio apóstol Pedro, un entrañable y muy amado discípulo de Jesús. En una ocasión el apóstol Pablo dijo lo siguiente, lo cual se encuentra registrado en 1 Corintios 9: 5 “¿No tenemos derecho a traer con nosotros a una hermana por mujer (esposa) como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?

    Cefas no era más que Pedro, según lo atestigua el siguiente texto: “Y Jesús, al entrar en la casa de Pedro, vio a la suegra de éste acostada y enferma con fiebre” (Mateo 8: 14). ¿Y quiénes eran los hermanos del Señor?

    Más allá de los relatos sobre el nacimiento y los primeros años de Jesús, los Evangelios no hablan mucho sobre María. Aun así, sabemos que ella y José tuvieron al menos seis hijos más. ¡Con qué fundamento contamos? Con el de la propia Biblia.

    Mateo 1: 25 señala que José “no tuvo coito con María hasta que ella dio a luz un hijo”. Esto demuestra que José respetaba profundamente el honor que se le había concedido a su esposa de llevar en su matriz al Hijo de Dios. Y por esta razón decidió no mantener relaciones sexuales con ella. Ahora bien, al decir “hasta que ella dio a luz”, el versículo da a entender que después sí las tuvieron, como es natural en todo matrimonio. Como resultado ella dio a luz varios hijos varones –la Biblia menciona a Santiago, José, Simón y Judas- y al menos dos hijas (Léase Mateo 13: 55, 56). Por supuesto, ninguno de todos estos medios hermanos de Jesús fue concebido milagrosamente.

    El Apóstol Pablo había profetizado de que algunos se iban a extraviar de la verdad e introducirían otras doctrinas, por eso en una carta que le dirigió a Timoteo estipuló lo incorrecto que sería prohibir casarse; dijo: “Sin embargo, la expresión inspirada dice definitivamente que períodos posteriores algunos se apartarán de la fe, prestando atención a expresiones inspiradas que extravían y a enseñanzas de demonios, por la hipocresía de hombres que hablan mentiras, marcados en su conciencia como si fuera con hierro de marcar; que prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que participen de ellos con acción de gracias los que tienen fe y conocen la verdad con exactitud” (1 Timoteo 4: 1-3).

    Por supuesto, si alguien quería permanecer soltero, hombre o mujer, lo podía hacer, en todo caso era una decisión personal; además no se estaba violando ningún principio bíblico. “En realidad, quiero que estén libres de inquietud. El hombre no casado se inquieta por las cosas del Señor, en cuanto a cómo ganar la aprobación del Señor. Pero el hombre casado se inquieta por las cosas del mundo, en cuanto a cómo ganar la aprobación de su esposa, y está divido. Además, la mujer no casada –y la virgen- se inquieta por las cosas del Señor, para ser santa tanto en su cuerpo como en su espíritu. Sin embargo, la mujer casada se inquieta por las cosas del mundo, en cuando a cómo ganar la aprobación de su esposo. Por consiguiente, también el que da su virginidad en matrimonio hace bien, pero el que no la da en matrimonio hará mejor” (1 Corintios: 7:32-34 y 38).

    En su primera carta a Timoteo que dirigió el apóstol Pablo desde Macedonia alrededor de los años 61-64 E.C.; y específicamente en el capítulo 3 están claramente estipulados los requisitos para predecir una Congregación*; parte de los requisitos es que el varón que presida, sea esposo de una sola mujer.

    * La palabra traducida “congregación” en las Escrituras Griegas Cristianas o Nuevo Testamento es ek-klé-sí-a, de la que se deriva el vocablo Iglesia (ek, que significa “fuera”, y ka-lé-o, que significa “llamar”.

    Espero que esta información llene el cometido que todos andamos buscando, establecer la verdad acerca de este tema.

    Atentamente,

    Jorge R. Schaart

    05/11/09

  8. Jorge R. Schaart on Noviembre 13, 2009 12:05 pm

    ¿Es la anticoncepción moralmente mala?

    Como consecuencia de la escasez de alimento, hoy estamos viviendo una verdadera crisis alimentaria que incrementa el ya altísimo porcentaje de desnutrición que padecen nuestros niños. Para el gobierno y según las propias declaraciones del ex ministro de salud y del propio presidente, esto es normal, siempre ha existido.

    Hace veintinueve años, el London Times del 3 de julio de 1980 hizo mención de lo siguiente “Siempre ha habido hambre, pero la escala y ubicuidad (presencia en todas partes) del hambre hoy día es una escala totalmente nueva. . . . Se dice que en la actualidad la desnutrición afecta a más de 1,000 millones de personas; dentro de esta cifra, puede que hasta 400 millones vivan constantemente al borde de la inanición”. Sin embargo, hasta hace poco, los organismos internacionales por fin reconocieron que efectivamente, más de estos 1,000 millones de personas padecen hambre. ¿Por qué tardaron tanto en reconocerlo abiertamente?

    Y no es que haya escasez de alimento; sino que los gobiernos encargados de distribuirlo equitativamente sencillamente no lo hacen. El hambre muchas veces “es una cuestión de distribución y de política gubernamental” comentó en una ocasión el Dr. Abdelgali Elmekki, de la Universidad de Toronto (Canadá). Los gobiernos parecen estar mucho más interesados en conseguir dinero para financiar sus guerras que en alimentar a sus ciudadanos. La avaricia es otro de los aspectos que impiden satisfacer de alimento apropiado a la gente.

    No hace mucho en varios titulares de prensa se destacaba la increíble noticia de que en el estado de Ciney (Bélgica), decenas de granjeros utilizando gigantescas pipas, tiraban millones de litros de leche en los campos de cultivo en protesta para reclamar más ayuda europea frente a la crisis económica que atraviesan.

    La tierra seca tiene una superficie de unos 148 millones de Km2 (14,800 millones de hectáreas). Incluso si de dedicara la mitad de esa superficie a otros propósitos, todavía le correspondería a cada persona más de la tercera parte de una hectárea. Esta superficie bastaría para proveer alimento a una persona; sobre todo si se tiene en cuenta la justicia y equidad.

    La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura sostuvo que con solo algunas mejoras básicas en la agricultura, la Tierra podría alimentar hasta nueve veces la población que se había previsto para el año 2000, incluso en las zonas en desarrollo (Land, Food and People, Roma, 1984, Págs. 16, 17). Estamos nueve años pasados de esta previsión, y la humanidad sigue muriendo de hambre.

    A todo lo anterior hay que agregar el problema de la explosión demográfica, cuyo problema tampoco nadie parece estar dispuesto a encarar.

    Algunos líderes religiosos trasmiten en la mente de sus feligreses la idea absurda y equivocada, de que cada niño que nace trae como bendición de Dios el pan bajo el brazo. “Es evidente que todos los niños que padecen de desnutrición no vinieron al mundo con este pan bajo el brazo. Veremos si semana a semana lleguen con ese alimento todos aquellos que promueven que no haya planificación familiar, ya sea satanizando a los que no tienen “los hijos que Dios quiera” o evitando que tanto madres como padres conozcan las opciones que hay para tener sólo los hijos que se puedan criar apropiadamente” comentó recientemente el Sr. Carlos Eggenberger U. (El periódico del 25/08-09).

    “El escritor de origen venezolano Fernando Vallejo durante una charla en el Auditorio Fray Alonso de la Veracruz de la Facultad de Filosofía y Letras, en la estatal Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), recordó ante docenas de estudiantes la lucha de los últimos jerarcas católicos contra la anticoncepción”.

    “Para el ganador del Rómulo Gallegos 2003 por su novela El Desbarrancadero, cuyo premio de US$ 100 mil donó a una organización venezolana de defensa de los perros, los “mayores azuzadores” de la sobrepoblación del planeta son Juan Pablo II, quien falleció en 2005 y a quien calificó de “impúdico”, y Benedicto XVI, por oponerse a los métodos anticonceptivos” (Según lo relatado por Emilio Godoy, Corresponsal de México y publicado en la revista D No. 157 de Prensa Libre del 8 de julio de 2007).

    ¿Qué opina usted estimado lector? ¿Está mal que los matrimonios recurran a métodos anticonceptivos? Es probable que su respuesta dependa de sus creencias religiosas. La Iglesia Católica enseña que toda medida que se tome con objeto de impedir la procreación es “intrínsicamente mala”. El dogma católico fomenta la idea de que las relaciones sexuales entre los cónyuges siempre deben dejar la puerta abierta a la posibilidad de un embarazo. Por lo tanto, para la Iglesia Católica los métodos anticonceptivos son “moralmente reprobables”.

    A mucha gente le resulta difícil aceptar dicha doctrina; de hecho millones no la observan. Un artículo de Pittsburg Post-Gazette dedicado a este tema indicó que “más del setenta y cinco por ciento de los católicos de Estados Unidos opina que la Iglesia debería permitir el uso de métodos anticonceptivos artificiales…Y millones pasan por alto la prohibición cada día”.

    ¿De dónde entonces tal prohibición?

    El inmenso valor de la vida

    En el artículo anterior hacíamos énfasis en que Dios considera que la vida de un niño es valiosísima, incluso desde las etapas más tempranas de su desarrollo. En el momento de la concepción se inicia una nueva vida; tan es así, que en la antigua Ley mosaica, se indicaba que se podía pedir cuentas a la persona que causara daño a una criatura que aun no hubiera nacido. De hecho, Éxodo 21: 22, 23 especifica que si una mujer embarazada o su hijo aún no nacido sufrían un accidente mortal a consecuencia de una pelea entre dos hombres, el asunto debía llevarse ante los jueces. Ellos analizaban las circunstancias y el grado de intencionalidad, pero podían llegar a imponer como castigo el dar “alma por alma”, es decir, una vida por otra.

    Estos principios son aplicables al caso de la anticoncepción, dado que algunos métodos parecen ser abortivos y usarlos no está en armonía con el principio divino del respeto a la vida. No obstante, la mayoría de los métodos anticonceptivos no provocan abortos. Entonces, ¿se pueden usar estos últimos?

    En ningún lugar de la Biblia se dice a los cristianos que tienen la obligación de procrear; y tampoco que cada niño que nace trae como bendición de Dios el pan bajo el brazo. Lo que sí ordenó Dios a la primera pareja humana y a la familia de Noé que sobrevivió el diluvio universal fue lo siguiente: “Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra”. Pero no se repitió tal mandato a los cristianos (Génesis 1: 28; 9: 1). Por lo tanto, los matrimonios pueden decidir por sí mismos si tendrán hijos, cuántos y cuándo. Las Santas Escrituras tampoco condenan el control de la natalidad. Así que desde un punto de vista bíblico, el que los cónyuges opten por usar un método anticonceptivo que no sea abortivo es una decisión personal. Entonces, ¿Por qué la Iglesia Católica condena la anticoncepción?

    La sabiduría humana frente a la sabiduría divina

    Fuentes católicas indican que fue en el siglo II de nuestra era cuando quienes profesaban el cristianismo adoptaron por primera vez un precepto estoico según el cual las relaciones sexuales dentro del matrimonio tenían un solo objetivo lícito: la procreación. Es obvio, pues, que tras este punto de vista había un razonamiento filosófico en vez de bíblico, que no se basaba en la sabiduría divina sino en la humana. Dicho concepto filosófico perduró a lo largo de los siglos y fue ampliado por varios teólogos católicos. * Por tanto, la consecuencia lógica de tal enseñanza fue la noción de que el placer sexual como fin en sí mismo es pecaminoso y que, por consiguiente, las relaciones sexuales que excluyen la posibilidad de la procreación son inmorales. Pero eso no lo que enseña las Santas Escrituras.

    Valiéndose de lenguaje poético, el libro bíblico de Proverbios describe el gozo que puede derivarse de las relaciones sexuales en el ámbito apropiado del matrimonio:

    “Bebe agua de tu propia cisterna, y chorrilos que salgan de en medio de tu propio pozo. Resulte bendita tu fuente de aguas, y regocíjate con la esposa de tu juventud, una amable cierva y una encantadora cara montesa. Que sus propios pechos te embriaguen a todo tiempo. Con su amor estés en un éxtasis constantemente” (Proverbios 5: 15, 18; 19).

    Las relaciones sexuales entre los cónyuges son un don de Dios, pero la procreación no es su único objetivo. También permiten a un matrimonio expresarse ternura y afecto entre sí. Por eso si una pareja decidiera excluir la posibilidad de un embarazo mediante algún método anticonceptivo, la decisión es suya y nadie debería juzgarlos.

    * No fue sino hasta el siglo XIII cuando Gregorio IX promulgó lo que la New Catholic Enciclopedia denomina “la primera legislación general de un papa contra la anticoncepción”.

    Guatemala, 1 de octubre de 2009

  9. Dina Fernández on Noviembre 14, 2009 10:18 am

    Gracias por su post. Saludos.

  10. Dina Fernández on Noviembre 14, 2009 10:22 am

    Gracias por sus explicaciones señor Schaart sobre la Iglesia. Saludos.

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