Mar
16
Absurdo por decreto
March 16, 2010 | 13 Comments
Hay un pasaje en La Rebelión de las Masas que me quedó martillado en el cerebro. En ese libro, el filósofo español José Ortega y Gasset afirma: “El Estado comienza por ser una obra de imaginación absoluta. La imaginación es el poder liberador que el hombre tiene. Un pueblo es capaz de Estado en la medida en que sepa imaginar”.
La idea me gusta por muchas razones, pero para comenzar porque se origina en una época similar a la nuestra. Ortega y Gasset inicia La Rebelión de las Masas entre 1927 y 1929, en un momento de profunda crisis en España y en el mundo entero: antes de la Gran Depresión, antes de la guerra civil española, justo cuando los movimientos nacional socialistas de Mussolini y Hitler están haciendo ebullición.
El filósofo español presiente los horrores por venir, pero pronuncia estas palabras con esperanza en la capacidad humana de imaginar un entramado político y jurídico que haga posible la convivencia de grupos distintos, de esa mezcla de “sangres y lenguas”, tan propia de España como de Guatemala.
Si en diversos momentos de la historia, la humanidad ha sido capaz de crear las reglas adecuadas para generar riqueza y para convivir con libertad y justicia, existe la esperanza de que nosotros también podamos imaginar las propias, las que funcionen para nosotros, y construirlas.
Qué más quisiera yo que esa idea de Ortega y Gasset estallara en nuestras mentes como un chispazo generador, una suerte de Big Bang político. Lástima que las brillantes ocurrencias de algunos políticos locales dejen parqueada a la filosofía política en el arranque.
¡Ayyyy! La imaginación también produce esperpentos: los hay estremecedores, como las obras supremas de maldad, y los hay simplemente vulgares, el kitsch de los pillos.
Ustedes deciden en dónde clasificar a los nuestros, pero una de sus últimas “gracias” atenta precisamente contra esa idea orteguiana de crear –con lucidez y tezón– un sistema político que nos permita trascender como personas y como sociedad.
Sabemos que gran parte del problema actual de Guatemala estriba en la pésima calidad de los partidos políticos que se han desarrollado desde la apertura democrática de 1985.
Previo a ello, los partidos políticos podían ser criticables por un millón y medio de razones, pero al menos la Democracia Cristiana, el Movimiento de Liberación Nacional y varias organizaciones de la izquierda revolucionaria (que toman las armas por la prohibición constitucional de volverse partidos) eran instituciones perdurables, con ideas claras y liderazgos establecidos. Se dedicaban a formar cuadros, a pregonar su ideología y a pensar en la estructura del Estado y en la idoneidad de las políticas públicas que cada cual defendía.
Esa seriedad política ya no existe hoy y las consecuencias las estamos pagando caro. Desde 1985 hemos asistido a la muerte de los partidos históricos y al surgimiento de vehículos electorales que nacen y mueren como hongos, alrededor de figurones con ínfulas de caudillos, arropados por intereses corporativos.
La sociedad política debe entender que ese ADN es nefasto: conduce irremediablemente a la propia muerte de los partidos, a la defenestración de los liderazgos y peor aún, al debilitamiento de la democracia en sí misma. Si los políticos y sus representantes más señeros, los diputados, actuaran con sentido común buscarían reformarse para erradicar esos males.
¿Pero qué hacen los más prolíficos de ellos? Aprueban una reforma a la ley electoral donde se equipara la actividad política con la cacería y se criminaliza a quien intente trabajar en ella “fuera de temporada”, es decir, cuando no está rugiendo la campaña electoral.
Craso error. Los partidos políticos deben promover lo contrario: un debate político permanente, enfocado en los grandes temas, no sólo en la coyuntura, capaz de atraer a las personas que se apasionan por las ideas, por los cambios, por la creación institucional del Estado, no por el botín que significan posiciones, presupuestos y negocios.
Es de esperar que la Corte de Constitucionalidad corrija ese adefesio. Mientras tanto a nosotros nos corresponde responder al llamado de Ortega y Gasset, superar nuestras taras históricas y darle una respuesta seria a ese grito, “¡la imaginación al poder!”, tan vigente en las barricadas como en las elites.
Comments
13 Comments so far

Uyyyy!! No estoy muy seguro, si no es mucho pedir imaginacion en terminos positivos y constructivos a la camada politica actual, pues creo que hasta peligroso es que sigan imaginando como hacer mas trances como el de los 82 melones en el congreso o los 40 (o 49?) de la gasolina. Perdon por esa disgresion estimada Dina, pero de verdad da coraje, como cada dia, por doquier hay muestras de la podredumbre politica, cuando nuestro pais podria caminar por otros rumbos, con un poco de buena voluntad y de mucha honestidad y mucho menos de esa abundante demagogia que tanto nos sutura (dije sutura no satura je!), pero finalmente ojala salieramos de esas taras historicas, mas histericas que historicas……
Dina, ayer me excedí en mi comentario de su columna SIGA…PERO SIN ABUSOS. Créame, pase muy alterado en mi ánimo todo el día, y deseo sinceramente pedirle disculpas por el abuso; creo que necesito hacer un alto en el camino, seguir con la lectura del acontecer diario de mi amada Guatemala, pero voy a limitarme a eso y prescindir de hacer comentario alguno. Gracias por todo lo que escribe Dina, saludos.
Un corto comentario y repitiendo una idea que oí recientemente: Si tanto miramos hacia el ejemplo de los otros países, ¿no nos hemos fijado que en Francia van por la quinta república? Si en realidad nos consideramos guatemaltecos, honrados guatemaltecos, en teoría se le podría dar caravuelta a este estado de cosas y fundar la Segunda República, porque la Primera la fundo Rafael Carrera y ya ha corrido mucha agua bajo ese puente… digo.
No se que piensa la generalidad pero Guatemala durante la guerra fue sistemáticamente mutilada, ideológicamente. La base de líderes fueron o expulsados o asesinados durante los 30 años de guerra. Luego tenemos la fuga de cerebros buscando un futuro mejor en otros lados del mundo porque en Guatemala no hay oportunidades para salir adelante. Los partidos políticos actuales son una prueba inequívoca de la falta de líderes en nuestro país. La falta de que el pueblo se involucre en los procesos electorales y sea un concienzudo evaluador del gobierno. Como bien dice usted guatemala es capaz de imaginarse como un país de primera.
¿Y no será que lo que no tenemos son utopías, grandes proyectos, sueños? Especialmente en la juventud. El motor de los partidos políticos que mencionas eran jóvenes. Jóvenes bastante inquietos con ganas de consagrar su vida a la defensa de su proyecto político e incluso, como tú lo mencionas, lanzarse a la aventura de la lucha política clandestina. Eso es algo que no veo en los tiempos actuales. ¿Qué nos pasa? Parece que somos victimas de un desencanto colectivo. Creo que si tuviesemos utopías vigentes, nuestra imaginación volaría por entre los barrotes que impone una ley absurda como la que prohibe las campañas políticas fuera de temporada. Las limitaciones a la participación política en los años climax de los partidos políticos reales, tanto las formales como las fácticas, eran mucho mayores que esta absurda ley. Y sin embargo, se participaba, se soñaba, se luchaba. Ello indica que con ley o sin ley, la imaginación surge y vuela cuando el espíritu vive y sueña.
No estoy muy segura si Guatemala realmente tiene un Estado verdaderamente democrático,incluso desde 1985, fundamentado en una verdadera administración sana de la “cosa pública, cuyos parámetros siempre han sido dictados por ciertos grupos de poder a su conveniencia. Dudo que el Congreso, un ente sumamente desprestigiado, pueda tener alguna acción positiva para cimentar un verdadero Estado de derecho. La incapacidad y la ignorancia, son denominadores comunes, con sabias excepciones por supuesto.
Así es Fernando, la República Romana se convirtió en Imperio cuando las instituciones se volvieron incapaces de resolver y atender la situación. Claro…para ello tuvo que morirse César. Saludos cordiales. Dina
Salvador…no he visto lo que escribió aún pero acepto la disculpa. En Guatemala es muy fácil que uno se desespere porque de verdad que las situaciones a veces lo aniquilan a uno, en especial esa falta de ley y de justicia. Pero hay que seguir clamando porque cambien las cosas. Saludos.
Ana Leticia, en efecto, Guatemala sólo tiene una democracia electoral. Verdadera democracia todavía nos falta. Saludos.
La utopía actual es hacer dinero…como sea, por los medios que sea. Los resultados están a la vista…Tristes…
Roberto, es cierto, asesinaron a los líderes y se las arreglaron para atemorizar o desencantar a la gente y evitar que ésta participe. Pero es hora de revertir esa situación… no podemos seguir de brazos cruzados. Nuevos liderazgos deben surgir. Saludos.
Luis,
Yo continuamente me digo que si la gente aplicara en cosas buenas y positivas la misma cantidad de ingenio, tesón y talento que pone en hacer barrabasadas, tendríamos otro país. Pero mi comentario iba más a la necesidad de inventar un pacto político y un entramado jurídico que nos haga viables, algo así como hicieron los romanos al convertir la república en imperio o lo que hicieron los españoles con sus pactos de la moncloa. Cambiaron y prosperaron… Saludos.
Mi apreciable Dina: la comprendo y quizas ese “pacto politico” (que hubiese sido de “adhesion” para la clase politica actual -te guste o no te guste, asi deben de ser las cosas-) con su entremado juridico, pudiera ser Pro-reforma,pero ya ve los resultados preliminares de su “estadia inicial” en el congreso. Aunque, ademas que “lesiona” a los intereses politicos, justo es decir y asi lo he conversado con gente que apoya ese movimiento de renovacion, fue un tanto arrogante su planteamiento, precisamente ese de “todo o nada” lo hacia inviable desde un principio, esa si era una utopia, pretender, casi soñar que iba a ser aceptado y visto con buenos ojos por los politicos actuales, era como pedirle peras al olmo. !Ojala fuera posible una segunda republica! Un abrazo