Las organizaciones de sociedad civil y del movimiento pro justicia están zapateando desde que se conoció la lista de 6 candidatos para integrar el Ministerio Público que eligió la Comisión de Postulación.
La lista, para qué decir más, dista mucho de provocar aplausos. Algunos tienen más experiencia en lo penal y otros en asuntos de gestión, unos lucen más honorables y otros más valientes, pero ni uno de ellos reúne todas las virtudes necesarias.
Peor aún, si añadimos que tres de los finalistas habrán de integrar el controvertido Consejo del Ministerio Público, la falta de idoneidad se vuelve más acuciante.
De ahí que en esta última etapa, los activistas pro justicia se hayan lanzado a latiguear a los Comisionados en una forma que no deja de parecer exagerada e injusta.
Para comenzar, no cabe duda que este merengue de las Comisiones de Postulaciones viene mal de raíz: el sistema se ha pervertido y no puede sino reflejar una asquerosa melcocha de intereses. De entrada, está difícil pedirle al árbol torcido que la rama enderece.
Luego, hay que reconocer que con esa lista de 29 candidatos no se podía hacer mucho. ¿Había entre esos nombres 6 que brillaran, uno sólo que destacara sobre los demás? ¡No!
A todos los postulados se les encontró el pelo en la sopa. Que si eran ajenos al derecho penal y carecían de conocimiento y experiencia; que si ya habían trabajado en el Ministerio Público sin lograr resultados óptimos o peor aún, haciendo gala de incompetencia y malas artes; que si eran cercanos a la pareja presidencial; que si se habían copiado la propuesta de trabajo; que si no se les veía carácter ni aire con ventarrón…
¿Qué hubiera pasado si en la nómina definitiva de seis hubiesen aparecido los supuestos “favoritos”, como el actual Fiscal, Amílcar Velásquez o Gloria Porras (cuya propuesta de trabajo, por cierto, fue elogiada por varios activistas)? Quizá linchan a los Comisionados.
Si la materia prima estaba tan triste, lo que debemos preguntarnos es por qué no se presentan los mejores, y por qué, cuando se hace el ejercicio de buscar un nombre ideal para el Ministerio Público, no entre los súper héroes, sino entre los miembros de carne y hueso del foro, todos nos rascamos la cabeza.
La estructura de la Fiscalía está viciada por las leyes que rigen su funcionamiento. Igual que en el Organismo Judicial, que en la Policía y que de hecho, en todo el gobierno, no se propicia el servicio público de carrera y eso es grave. La normativa jurídica y administrativa actual sabotea esa posibilidad, de tal forma que los profesionales talentosos no consideran siquiera ingresar a esas instituciones porque no están los incentivos: ni los económicos (si son gente honesta) ni los de prestigio profesional.
En consecuencia, el MP está metido en un círculo vicioso. La persecución penal es una especialidad: lo ideal sería que quien se encuentre a cargo de semejante responsabilidad, se haya dedicado a ello durante varios años y haya sobresalido por su liderazgo, honestidad y su profesionalismo.
Lamentablemente, ahora nos espanta que lo dirija alguien que viene de las estructuras del MP porque de inmediato se convierte en objeto de sospecha. Los abogados penalistas pueden ser mejores o peores, pero en razón de su línea de trabajo y las condiciones del país, todos tienen en su cartera clientes “poco idóneos”. Los que no se han dedicado a penal, ¡obvio!, no tienen experiencia y adicionalmente, si han trabajado para el sector privado, se les reclama que se ganen la vida.
No me gustaría estar en los zapatos del Presidente. Con esa nómina de seis, digna hija de la lista de 29, que a su vez es digno resultado de nuestro sostenido sabotaje al servicio público, no se ve cómo jicaques se puede avanzar en la lucha contra la impunidad.
Quién va a dirigir el Ministerio Público es un problema serio, pero mucho más grave es pensar que el sistema en sí de elección de autoridades en el sector justicia requiere de una reforma que a puro mecate pasa por la Constitución. ¿Cómo abrir esa puerta sin que brinquen todos los monstruos del infierno.


Comments

5 Comments so far

  1. Luis on April 25, 2010 9:01 pm

    Ayy Ayyy!! Mi querida Dina, cuanta razon hay en vuestras palabras (por aquello de la “invasion” de las huestes españolas en nuestro “antisistema de justicia”)pero…. ¿acaso esta a nuestro alcanze el hacer algo, ante esa resistencia de “la bestia por desaparecer”? La bestia se retuerce, patalea, escupe, lanza zarpazos, quiere seguir reynando dentro de ese antisistema de “legalidad”, todo es valido con tal de seguir “impunizando” a nuestra querida Guatemala. Ni siquiera creo que se pueda tener la “llave” para abrir el infierno, si los monstruos ya se encuentra fuera de el y estan dantescamente saltando para no perder los fuegos de sus aberraciones, asi que: ¿como jicaques -simpatica palabreja que repetia mucho mi padrecito qpd- se puede luchar contra la impavida impunidad?

  2. Jayro Enrique on April 25, 2010 9:42 pm

    Un reino sin justicia, no es reino. Los pueblos del mundo gimen por una justicia, que nunca llega, que cada vez se vuelve más espurea. Causa de ello el aumento de la violencia; porque muchos, según su particular criterio, quieren imponer su propia justicia, en ausencia de ella ó de quien la haga respetar.

    ¿ Qué es justicia?
    Aunque el concepto es amplio y tampoco pretendo dar una cátedra de derecho, resulta importante considerar lo siguiente: justicia es sencillamente, la correcta aplicación de las leyes. Alguna nación del mundo puede ufanarse de tener las mejores y más centradas leyes del mundo; supongamos que esto sea cierto; si no se aplican esas justas leyes; si no se vela porque esas leyes conserven su vigencia, entonces diríamos ´´no hay justicia´´, aunque hayan buenas leyes.

    Todas las naciones del mundo poseen su carta magna; tienen sus leyes que les dan carácter de soberanas y por medio de las cuales, se hacen respetar por los de afuera, como por los de adentro.

    Un reino sin justicia se constituiría inmediatamente, en un reino de anarquía y terror.

  3. jose manul porras on April 26, 2010 12:36 am

    Lo que deberia de hacerse es que la eleccion fuera por votos populares previa campana para que fuera totalmente autonomo y ejercer el mayor control a la crimininalidad

  4. gerson on April 26, 2010 12:36 am

    sucede que estamos “pataleando” por los personajes que llegaron a la lista, pero me pregunto ¿por qué no venimos y llevamos nuestro expediente? ¿por qué en ves de criticar, vamos y asumimos el reto que representa rescatar la institucionalidad?
    ¿será que nos dá miedo o sentimos incapacidad?
    no son los mejores, entonces ¿dónde están los mejores? en la comodidad de su hogar supongo!!
    desgraciadamente los guatemaltecos nos acomodamos y no queremos salir de esa zona de confort… esa es la realidad, queremos que cambien las cosas vamos y hagamos que cambien las cosas!!!

  5. Dina Fernández on April 26, 2010 5:11 pm

    En otros países algunos cargos son de elección popular, por ejemplo el de Contralor de Cuentas. Lo malo aquí es que si la elección requiere de financiamiento privado, luego resulta que quienes ponen la plata para esas campañas millonarias son las personas que tienen intereses creados. Saludos cordiales.

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