May
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Intoxicados de armas
May 18, 2010 | 9 Comments
Un amigo me escribió hace poco que en las vallas publicitarias también hay rastros de la hipocresía guatemalteca.
Mientras los anuncios de tabaco y licor están obligados por ley a llevar una etiqueta de advertencia “el consumo de este producto es dañino para la salud”, los vendedores de armas tienen la libertad de desplegar escuadras, balas y pistolas sin que haya siquiera que aclarar “manéjese con prudencia, este instrumento mata”.
Qué piadoso de nuestra parte.
Nos preocupan los vicios de la parranda, pero nadie se inmuta por el auge comercial de los pertrechos de guerra que se venden en la calle a velocidad de hot dogs.
Resulta absurdo que nos desgañitemos alertando al público sobre los estragos producidos por el alcohol y la nicotina, esas sustancias del demonio, mientras silbamos, desprevenidos y confiados, ante la posibilidad de quedar tiesos en cualquier esquina, intoxicados también, pero por exceso de plomo.
Desde luego, al señalar esto no pretendo que los legisladores afilen el lápiz y decreten que desde ahora es obligatorio marcar las cachas de las armas y las cajas de munición con una calavera como las que identifican al veneno.
El punto no es ese, aunque el momento sea propicio, pues desde el lunes se está discutiendo nuevamente en el Congreso la Ley de Armas y Municiones.
Los diputados pueden ponerle o quitarle a la ley, pero el fondo del problema es otro. Aquí lo que nos urge para resolver las dificultades ligadas a la impunidad y el florecimiento de las mafias es restaurar la sensatez y la decencia, para que nuestro país deje de parecer un manicomio donde las cosas funcionan al revés.
Para comenzar, es inaceptable que en doce meses el Ministerio de Gobernación haya sido incapaz de redactar el reglamento necesario para aplicar la Ley de Armas. Igual sucede con el sistema de presidios: al día de hoy carece del añorado reglamento, lo cual se convierte en explicación y excusa para rascarse la panza y no hacer nada.
Eso sí, los encargados del Ministerio de Gobernación han sabido aprovechar los vacíos legales que implica la falta de normativa. Debido a este pequeño detalle, las autoridades le sacan de la bolsa Q400 a cada aspirante a guardia de seguridad ya que por ahora, ellos se ven obligados a pagar la evaluación de capacidad para portar arma de fuego (que me imagino se reduce a la capacidad de agenciarse los Q400).
Otro corolario aberrante del asunto de las armas es que mientras polemizamos acaloradamente si las restricciones acabarán por limitar nada más a los ciudadanos respetuosos de la ley, pues los criminales se pasan esta y cualquier normativa por el arco del triunfo, las mafias aplauden la discusión y quien quita que hasta la financien…
Con ley o sin ley, Guatemala se ha convertido en un centro importante para la venta y el tráfico de armas: un negocio que mueve cientos de millones de dólares. No es por casualidad que las pistolas se anuncian en las calles como si fueran helado o detergente. Aquí circula una cantidad de munición digna de conflicto bélico y cualquiera puede conseguir armas de asalto.
Cualquiera, menos los propios policías. El Ministerio de Gobernación ha comprado cantidades ingentes de munición, pero la tiene embodegada. El depósito de armas de la Academia de la Policía no cuenta ni con 100 pistolas decentes. En tanto los criminales tienen acceso a la valija de juguetes de Rambo, la fuerza pública está condenada a recibir bala.
Para corregir esa situación no hay que recurrir al Congreso de la República. Sin embargo, por falta de agallas, por exceso de corrupción o por alguna combinación letal de las dos circunstancias, las autoridades sigue en desventaja para combatir a la mafia.
Ley de Armas puede mejorarse y ojalá los diputados convengan en incluir las reformas pertinentes. Pero la realidad no se cambia por decreto ni la violencia se elimina estampando firmas en un papel. Para vivir en paz se requiere de un auténtico compromiso con la justicia y con la ley. Todo lo demás, como dice el amigo que me escribió al principio, son pajas.
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Si! Asi es estimada Dina, pero ese compromiso con la justicia y la ley, es precisamente eso, un “compromiso” y este como tal deviene en su genesis de una actitud a su vez, derivada, de la voluntad humana. Y el problema, es que en nuestro caso, esta, la voluntad como tal, radica en individuos, cuya voluntad se encuentra apuntada o enfocada exclusivamente hacia la satisfaccion de sus propios intereses de los grandes negocios. Por lo demas, a quienes les gusta “chupar y fumar”, las advertencias les vienen del norte (como dice la señora)y por tanto, aunque existiera toda una campaña en contra del uso de armas, quienes las utilizan para el mal y el daño ajeno, nunca van a dejar de usarlas, asi que la cosa no va por alli y como usted bien concluye, es la expresion de un compromiso estructurado, cohersitivo y de cumplimiento legal positivo, lo que expectaria otra realidad. Pero, al igual que con la famosa ley del enriquecimiento ilicito, la pregunta es……..¿Quien le pone el cascabel al gato? Ya lo dijo usted, todo lo demas son puras pajas.
Nunca se me habría ocurrido pensar en lo que Ud.comenta, la felicito
Sin duda, este es otro tema que da para mucho que opinar. Solo quiero contarle que la semana pasada, un guardia de seguridad de una casa proveedora que venia de Guatemala a Huehuetenango, mientras cuidaba la mercadería en la orilla de la calle del centro de la ciudad, se le fue un disparo con la escopeta, y le cercenó parte de su pierna derecha a una jovencita estudiante que pasaba por el lugar. Mi oficina queda arriba, en el segundo nivel a orilla de la calle. Y pude ver como el seguridad se escapo tranquilamente caminando entre los curiosos que se asomaron para ver que había pasado. Por lo que pude apreciar, este individuo era muy joven y por lo que aduzco que inexperto para estar portando un arma. Nadie pudo hacer algo para detenerlo, ya que se tenia el temor que pudiera disparar y a pesar de que se le indico a la Policía la dirección que había tomado no quisiero ir tras de él. Aquí conviene que también se ejerza control. No es posible que a cualquiera se le permita portar un arma de fuego.
Aquí en Huehuetenango, las cosas están muy difíciles. Nuestra alcaldía esta por los suelos, y algunos funcionarios de la misma andan portando armas para intimidar a la misma población que ya esta cansada de tanta corrupción. Y por el otro lado, está la proliferación de la delincuencia, y no se diga el surgimiento de los sicarios, que al parecer han encontrado un buen negocio en este departamento.
Dina tiene la pluma atorada de razón, desafortunadamente nos encontramos enmedio de un gobierno “conceptual” y nos estan dejando…
No sé que pensar si son muy listos o muy estúpidos, lo cierto es que la bola de cristal presenta un futuro muy oscuro. El quid del asunto es producto de una propuesta muy antigua y lograr que todos comprendan cual es el verdadero problema y que es lo que se debe de hacer para enfilar por el camino correcto es una tarea titánica.
y que dice de la ley de enriquecimiento ilicito, legislan lo que les conviene o cuando estan muy presionados, la ley de seguros, la de fondo de pensiones privados, (la del iggss) ya sabe sus engorrosos tramites despues de pedirle a ud que busque hasta el ultimo papelito donde consta que trabajo alli etc etc.
Estimada Dina, el titulo de su articulo me inspiro a escribir otro, pero con diferente enfoque:
“Intoxicados de plomo: violencia, cerebro y contaminación ambiental”
AQUI: http://ca-bi.com/blackbox/?p=3903
Saludos, Carlos M.
OTRA DE ESTAS SITUACIONES SE DA EN EL INGRESO AL CENTRO DE DETENCIÓN PREVENTIVA DE LA ZONA DIECIOCHO YA QUE A LOS ABOGADOS EN LA PUERTA DE ACCESO NOS OBLIGAN A DEJAR EL CELULAR MIENTRAS EN EL INTERIOR DE LOS SECTORES ABUNDAN,ASI ES GUATE…ADELANTE SEÑORA PERIODISTA
intoxicación¿?
faltos de sensatez, estamos…
Qué absurdo licenciado…creo que es razonable que se limite el ingreso de celulares…pero de qué sirve si los presos adentro hacen lo que quieren? Insólito de verdad. Gracias por su comentario.