Jan
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Del optimismo a la perplejidad
January 15, 2012 | 11 Comments
Para ser el año del fin del mundo, estamos optimistas.
Tenemos al mismo país, con los mismos problemas ancestrales. La misma elite, ensimismada y miope, que no acaba de entender sus responsabilidades y que patalea por conservar los privilegios que nos ahogan a todos, incluida a ella misma.
Tenemos a la misma izquierda, anclada en los años setenta, ilustrada por los folletos de Marta Harnecker, ávida de revancha, incapaz (como sus contrapartes) de ver más allá de los dogmas que nos succionan cual agujeros negros.
Tenemos la misma estructura socio económica: una pirámide chata de base muy amplia sobre la cual se encumbra un puñado microscópico de afortunados, seguidos de una escuálida clase media y una muchedumbre de pobres, en constante riesgo de caer en el abismo de la miseria.
Tenemos el mismo sistema de administración de justicia, que privilegia a los poderosos y hace de la ley una ficción, con lo cual celebrar contratos y hacer negocios se vuelve un juego de azar.
Tenemos el mismo sistema político-electoral, que promueve partidos de mentiras con padrinos de verdad, quienes cobran sus millonarios aportes en negocios estatales y derechos de picaporte.
Tenemos el mismo gobierno, que recauda poco y mal, y luego gasta sin ton ni son el tesoro público, de suerte que el dinero nunca alcanza para cumplir con los servicios elementales: policía suficiente en todos los rincones del país, fiscales, jueces y maestros bien preparados y con vocación para servir, escuelas secundarias, drenajes y agua potable. Ni hablar de la red vial, que se encuentra colapsada gracias al cuidadoso mantenimiento brindado en los últimos cuatro años.
Los Zetas siguen aquí, así como la variopinta red local del crimen organizado, que ha sabido infiltrarse en nuestras instituciones, tanto las públicas como las privadas, de tal suerte que ya no se sabe quién es delincuente y quién no y el dinero negro de actividades ilegítimas inunda la cañería entera del sistema.
Y aún así, contra todo pronóstico, los guatemaltecos nos encontramos optimistas a principios de este 2012, sin prestar atención a los agoreros de medio pelo que no se cansan de anunciar que pesa sobre la humanidad una inminente hecatombe.
El gobierno anterior no pudo contra el monstruo que somos, lo sacamos de una patada como es nuestra costumbre y ahora nos hemos conseguido uno nuevo por el que queremos apostar.
Existen elementos diferenciadores en el grupo que se apresta para gobernarnos: en primer lugar, aunque vista de civil para la toma de posesión, el nuevo presidente es un militar, con grado de general. Los guatemaltecos somos autoritarios: nos gusta desfilar con kepi y guantes blancos, estirando el paso de ganso. Estamos ávidos de orden y estructura, hartos de la criminalidad y la violencia, del desorden administrativo, de la crisis, de nuestros fracasos, y queremos alguien que nos hable fuerte y nos dé órdenes.
Los capitalinos bien pensantes estamos optimistas al inicio de esta nueva administración en la misma medida en que llegamos a detestar al gobierno saliente, como ha pasado siempre. Nos entusiasma que haya buenos elementos en el gabinete, que se vea gente seria, que el mandatario electo ya los tenga marchando.
Se nos olvida que las fuerzas centrífugas de la sociedad que tenemos, idénticas hoy a como estaban hace cuatro años, son demasiado fuertes. Si ha de cambiar la corriente, es porque existe masa crítica para empujar un cambio de dirección. Eso sólo se logrará cuando no sólo queramos observar el cambio desde nuestra mullida poltrona, sino encarnarlo. Y ahí sí, me encuentro más perpleja que optimista. ¿Queremos? ¿Ni porque ya viene el fin del mundo?
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Mi estimada Dina, siempre me ha impresionado usted, que para mi es la mejor columnista, periodista en todo el sentido de la palabra, desde la médula y hoy lo confirmo cuando habla usted de las élites que se arropan en sus privilegios por el riesgo que corren de no ser competitivos o de la izquierda que solo sabe criticar sin tener la menor idea de nada. Sin embargo, como Ud. Dice estamos optimistas… Me gustaría pensar que muchos, como yo, porque empezamos un proyecto nuevo basado en la calidad y el servicio pero tristemente veo que muchos están optimistas por que ahora si tienen un buen conecte o porque les ofrecieron un buen hueso, pero personas como usted son escenciales en el optimismo, instando a los guatemaltecos a ser creativos, leales y exigentes, en la medida que damos, además de educar a las masas para ser verdaderamente críticos
Yo quisiera que pudiésemos apostar por Guatemala aportando cada uno nuestros talentos y nuestra capacidad de soñar en un país en donde todos quepamos y tengamos las mismas oportunidades; en donde los que han sido menos privilegiados puedan encontrar caminos para su realización plena, gracias a que sus mismos compatriotas han creado esas condiciones a través de la participación activa y responsable.
Cada inicio de año y cada cambio de gobierno nos hacen soñar con esa posibilidad que nunca se concreta, porque “miramos los toros desde la barrera”.
¿Y si nos atreviéramos a trabajar más en serio en temas como la auditoría social?, ¿y si buscáramos puntos de confluencia entre los distintos grupos religiosos, políticos y culturales? En Alta Verapaz han surgido dos inciativas interesantes: El Observatiorio Ciudadano y Cristianos Unidos por la Paz, con el propósito de que los ciudadanos de a pie vayamos incidiendo en la marcha de los acontecimientos sociales y políticos y generemos una cultura de paz que permita construir una Guatemala distinta.
En resumen mi estimada Dina, !buena tarde!, podemos decir…… “por eso estamos como estamos”…… por que nadie quiere dar el paso de cambio, que a cada quien desde su propio rol le corresponde y que cada quien, en su individualidad de grano de arena, conjunte con los demas esa playa o masa critica que forzosamente, sin vuelta atras, empuje el cambio que necesita nuestra Nacion. Asi sea.
Estimada Dina:
Sorprende leer un artículo con un dejo de pesimismo que no concuerda con los demás columnistas. Creo, sin temor a equivocarme, que en usted no ha influido la propaganda masiva del aparato democrático. Muchos de los idealistas apuntan a que ese es el camino para la solución de todos nuestros problemas, sin embargo,a la gente intelectual,a la superior, a la que lee, no es tan fácil endulzarle el oído con esa trillada cancioncilla, por una razón, sabemos en donde estamos y barruntamos lo poco que podemos avanzar, si no cambiamos algunas maneras de pensar, por ejemplo: la actitud científica, reproducible y verificable, la actitud de ver las cosas cuantitativas, la capacidad de análisis objetivo y no comprometido, la capacidad de opinar con lo que creemos es el bien y que debe ser para todos, porque eso es en realidad la democracia, el bien para todos. Muchos esperamos que continúe en su labor periodística para la reflexión de los que no se quieren dejarse lisonjear y que por este medio les tapen la luz verdadera, obvia para muy pocos.
Estimada Dina, Saludos Cordiales: El tema es complicado como el que mas. Nuestras diferencias sociales en educación (y además, cultura), económicas y raciales entre otras tantas, nos exigen intentar conseguir un ‘equilibrio social-humano’ que nos permita transitar sin atropellarnos unos a otros. Escuchando los discursos desde que empezó la campaña electoral (requeteanticipada)hasta el discurso de toma de posesión del cargo más alto del ejecutivo, no logré encontrar en ninguno de los discursos (en ninguno de los disertantes) un sentimiento de fraternidad social, entiéndase una falta total de humanismo. Sin querer dar la idea de paternalismo gubernamental, hay que tomar en cuenta que en nuestra sociedad estamos muy lastimados, muy dolidos y muy resentidos; ni siquiera podemos hablar de salud mental pues no existe en la generalidad tal condición. Si bien es cierto que debemos hacer acopio de firmeza, no es menos cierto que una ‘caricia social’ no nos vendría mal, una ‘sobadita de consuelo’ haría que sean más llevaderos los obstáculos que aún nos quedan por solventar, hasta la consecución de la armonía social que anhelamos. Esto se aplica a la célula social (la familia) como a las altas instancias (ejecutivo, legislativo, empresarial, sindical, gremial, etc…). DEJEMOS DE SER LA OLLA DE CANGREJOS QUE HEMOS SIDO HASTA AHORA.
Lo anterior es mi comentario al artículo: Cuadros de Costumbres 2.0, sin embargo, se ajusta a comentar este artículo también, aunque debo agregar que SI he logrado divisar un incipiente interés social por constituirse en FISCALES SOCIALES y creo que por algo se empieza… como decimos en buen chapin: ‘Hay que estar OJO AL CRISTO’ y denunciar y exigir y comentar y pronunciarnos de manera constante y permanente. Usted lo hace muy bien y nos apoya a expresarnos, por lo que debo agradecer el espacio que brinda, por favor, siga adelante.
Atte, Dr. Fernando Girón.
Estimada Dina: voy a utilizar la frase de Leòn Tolstoi “describe a tu aldea y describirás el mundo”. Expone usted muy bien la realidad guatemalteca (o es la argentina?). Me solazo con sus artícuos, pero a la vez castigo a mi inteligencia reprochándole por no haberlos escrito yo con anterioridad. Es que resultan tan idénticas las iniquidades de la justicia, la rémora en una educación integral, los negociados a costillas del Estado y los desesperados por poder y dinero que casi no hay diferenciación entre pueblos a miles de kilómetros.
¡Qué bueno que lo siga denunciando! Le envío mi saludo pleno de admiración.
Coincido en muchos puntos pero recuerde que la izquierda pierde fuerza no tanto por estar petrificada sino porque cada vez menos jóvenes se interesan en ella. A fin de cuentas los movimientos sociales lo conforman gentes y no filosofías.
Alguna vez escuché decir que si se juntan mas de 3 socialistas no se ponen de acuerdo ni en el color de las barbas de Marx. Puede que sea cierto… pero más cierto es que Guatemala es una finca con un puñado de dueños… y hasta que ellos no permitan el cambio aquí no pasa nada. El presidente es sólo un empleado.
Alejandro,
Estoy de acuerdo, los jóvenes no se interesan en la izquierda. También estoy de acuerdo en que el presidente es sólo un empleado. Menos mal! Acaso queremos un rey? Saludos.
Saludos Carlos Honorio Gallo. Los latinoamericanos nos parecemos mucho, tenemos problemas comunes, pero me imaginaba yo que estábamos más próximos a Ecuador, Bolivia o Perú que a ustedes. Supongo que cada quien piensa que el césped del vecino es más verde. Un abrazo.
Fernando Girón, Muchas gracias como siempre por sus atinados comentarios en el blog. Saludos cordiales. Dina
Estimado Sergio Godoy,
El costo de la democracia es la perpetua vigilancia. Sin una sociedad civil vibrante, activa y bien encaminada, es difícil que la sociedad política vea más allá de sus muy particulares intereses. Saludos cordiales.