Sobre mí
¡Hola! Soy Dina: antropóloga, periodista y ahora educadora en formación.
Desde pequeña he sido una apasionada de las Letras. Hice un bachillerato en literatura en el liceo francés de la ciudad de Guatemala, el “Julio Verne”, luego una licenciatura en Antropología Cultural en la Universidad del Valle y posteriormente una maestría en periodismo en la Universidad de Columbia en Nueva York. En 2002 partí hacia Harvard con una Beca Nieman que me sirvió para estudiar negociación, asuntos administrativos y un poco de Shakespeare. Y como soy una “geek” irredenta –la cabra siempre tira al monte y yo a los libros– ahora estoy matriculada en la Universidad del Istmo, donde curso una maestría en docencia.
Empecé a escribir columnas de opinión en el año del Señor de 1996 (uuuuuh, ya hace rato), en Prensa Libre. Ahora me pueden encontrar los lunes y miércoles en elPeriódico y gracias a Chris Dent, quien dirige una compañía de servicios de Internet, he iniciado este blog. (Chris no quiere que yo lo mencione, pero igual no le voy a hacer caso, porque ha sido muy amable conmigo y un agradecimiento público es lo mínimo que corresponde).
Mi primera columna se llamaba “Xokomil”. La bauticé así porque la idea de hacerla surgió un Año Nuevo en Atitlán. Con mi familia intentamos buscarle nombre y ninguno de los propuestos terminaba de convencerme: sonaban pomposos o arrogantes, sin ninguna relación conmigo. Al cabo de mucho discutir frente al lago, decidí ponerle “Xokomil”: igual que el viento que todos los días agita las aguas de Atitlán cuando empieza la tarde. Mi intención, en aquel entonces, era conseguir el mismo efecto con mi columna en la sociedad de Guatemala.
De eso hace ya más de diez años y la etapa de Prensa Libre y de “Xokomil” está cerrada en mi vida.
En elPeriódico las columnas no tienen nombre pero ahora el formato del blog me ha obligado a pensar en un lema. Debo decirles que pasé un buen rato meditándolo y al fin elegí “la necedad de querer el bien”.
A estas alturas, sé que la opinión pública tienen un espacio y un peso en la vida política de Guatemala. Sé por experiencia que quienes nos damos a la tarea de comentar la actualidad hacemos olas. De lo que ya no estoy tan segura es de poder lograr un cambio real, positivo y sobre todo rápido, a través de los medios de comunicación. Me parece, más bien, que primero debe generarse una masa crítica en la sociedad que exija los cambios y esté dispuesta a hacer los sacrificios que ellos implican, y de una elite capaz de llevar ese clamor a la acción política.
Para llegar a ese punto, ¡estamos verdes! Sin embargo, no es esa razón suficiente para desanimarse. También sé que hay muchas personas en Guatemala –con quienes podemos disentir en cuanto a ideología política—pero con quienes persistimos en la insensatez, la locura, la excentricidad de añorar el bien, de luchar por él, de reclamarlo a gritos.
Puede que ahora imploremos ante un paredón de roca, en medio del espanto. Pero eso es lo maravilloso de la palabra escrita: que perdura, se amplifica, encuentra la forma de perforar agujeros en el tiempo, se abre paso entre los errores y los prejuicios y llega el día en que brota con toda su luz y todas sus promesas.
El esfuerzo no es en vano. Por eso decidí apropiarme del desafío que me lanzó Chris al crear este blog. Por eso lo extiendo a ustedes, para que juntos, en estos días donde priva el delirio de la violencia y la incertidumbre ante el futuro, nos aferremos a esa esperanza que nos ofrece el tesoro de la libertad de pensar, de decir, de “bloggear”.
